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5 Lecciones Brutales que Aprendí a los 18 (y Nadie Quiere Contarte)

La vida no funciona como te enseñaron. Estas 5 lecciones cambiarán la forma en que ves el mundo y te ayudarán a tomar mejores decisiones en la vida.

Antes de mis 18 años creía que la vida era fácil.

Tenía comida. Casa. Podía darme la libertdad de jugar a los videoujegos todo el día. No tenía responsabilidades (mas que la escuela).

No daba de todo en la escuela porque estaba sobre confiado. Como era el primer puesto de mi clase, todo me iba a salir bien. Parecía que el guión estaba de mi lado.

Pero me equivoqué retundamente.

Poco a poco surgieron los problemas.

  • Falta de atención.

  • Mala calidad en mis relaciones.

  • Quería aislarme de mis compañeros.

  • No ayudaba a mi familia.

  • Consumía todo mi tiempo en videojuegos.

¿Lo peor? Yo estaba consciente de eso.

Sufría por saber que no estaba haciendo nada relevante con mi vida, pero volvía a mi viejo molde. A mis confiables videojuegos. Y la pena se largaba.

No entendí mucho de la vida hasta que recién cumplí los 18 años.

Edad en donde cambié mi vida radicalmente.

Y hoy, sabrás las verdades que tuve que aprender a la mala.

No exagero, literalmente, a cocachos aprendí.

Estoy seguro que reflexionarás sobre mis errores y sobre lo que estás haciendo ahora.

De modo que corrijas tu actuar, cambies tu mentalidad, adoptes estas verdades y te encamnies la vida que tanto anhelas.

1) Nadie Vendrá a Salvarte

Nadie está pendiente de ti.

El único responsable de tu vida eres tú y nadie más.

El problema es que siempre queremos esperar hasta que alguien más nos motive, esperar hasta que nos den obligaciones, esperar hasta que alguien nos diga que es momento de cambiar para recién hacerlo.

Pensamos en mamá o papá, pero, si tienes ya 18 años, ¿qué crees?

Ellos ya no están para moverte a hacer las cosas que sabes que debes hacer pero que evitas.

Hemos perdido la iniciativa por mejorar y buscar oportunidades, solo pensamos que nos caerá del cielo, pero no es así.

Ahora te toca ser tu propio padre.

Esto lo aprendí en la escuela, pues fue la época en la que más me sentía miserable conmigo mismo.

Siempre les comunicaba mis problemas a todos: a profesores y amigos; solo para que ellos solucionaran mi vida y me dieran las respuestas que yo no estaba dispuesto a encontrar.

Quería que se responsabilicen de mis problemas para que yo no tenga que hacerlo.

Porque para encontrarlas necesitaba hacer el trabajo duro:

  • Arriesgarme.

  • Matar mis malos hábitos

  • La constante comida chatarra

  • Mi adicción a los videojuegos

  • Arriesgarme a hablarle a esa chica

  • Decir lo que de verdad quería decir

  • Implementar sistemas de hábitos saludables.

Todo eso era incómodo de hacer.

Pasaban 3 días y dejaba por completo la intención de cambiar mi vida.

Volvía a ellos presentando mis quejas, esperando a que me dieran la motivación.

Pero solo desperdicié tiempo.

Desperdicié más de 3 años en este juego.

Porque nunca solucioné nada en realidad. No asumí la responsabilidad de mi vida por esperar que otros lo hicieran. Seguí estático, en la misma posición de antes.

Todo cambió cuando solo una persona me hizo tomar consciencia de mis acciones:

"Nadie está pendiente de ti, ni nadie lo estará. Nadie te buscará, porque todos tienen sus propios problemas. A ti lo que te falta es iniciativa para solucionar. Eso es lo que siempre te ha faltado."

Inmediatamente, me sentí como un bebé del que todos debían estar pendientes para que no se caiga. ¿Quieres ser un bebé al pendiente de los ojos de otra persona que tiene problemas mayores qué solucionar?

Exacto, no lo quieres.

Eres responsable de todo lo que pase en tu vida, porque eres tú quien la maneja.

Claro, los consejos ajenos son útiles y valiosos, como los de este escrito (video)

Pero, ¿quién generará el cambio? ¿Tú u otra persona?

¿Quién toma la decisión? ¿Tú o tus padres?

¿De quién es la culpa de que estés en esta posición? ¿Tuya o del mundo?

¿Quién es el que está consciente de todo lo que haces en las 24 horas?

Eres responsable de lo que te pasó, de lo que te pasa y de lo que te pasará.

Pero puedes hacer algo al respecto. Nadie vendrá a salvarte, así que eres el único que puede hacerlo.

Tú eres tu único héroe en esta historia. ¿Y de quién te salva ese héroe? Del peor villano que existe, tú mismo. Eres el único que puede salvarse o destruirse.

Si adoptas esta verdad de la responsabilidad absoluta de tu vida, dejarás las excusas, dejarás la dependencia a que alguien más tenga que motivarte, a que alguien más tenga que poner orden en tu vida y empezarás a vivir como tanto anhelas. Las oportunidades llegarán porque producto de tu responsabilidad, tú las buscas, no alguien más.

Las oportunidades para mejorar no te las dará nadie. Porque nadie está pendiente de ti para dártelas.

Tú las creas.

Solo cuando te muestras, cuando buscas.

Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y el que toca, se le abrirá la puerta.

Todo por medio de tu acción, de tu iniciativa para producir evidencias. Y producto de ello, los demás te notarán y te darán las oportunidades.

Pero solo surgirá si dejas de esperar a que alguien más sea el héroe de tu historia, selo tú, porque, si quieres cambiar, no te queda de otra.

2) La Confianza Viene de Evidencias no Palabras

Todos buscan desesperadamente la confianza en sí mismos, pero no se la merecen.

Porque no tienen la evidencia que lo respalden.

Muchos se preguntan por qué no tienen confianza propia, cuando, al mismo tiempo, tienen un historial de promesas rotas, procrastinación, proyectos incompletos, malos hábitos, etc.

La confianza es un efecto, es una consecuencia. No algo que se obtiene directamente persiguiéndola.

Es un resultado por haber cumplido lo que dijiste que ibas a hacer, no una sustancia que manifiestas con afirmaciones.

La sociedad se ha acostumbrado a publicar sus metas, hablar de lo que harán a futuro, emocionar a gente en redes (que, en realidad, te importan). Solo para, de algún modo, tener más confianza de que harán lo que dicen.

Pero esto solo conduce a la complacencia.

A que te sientas ya alguien victorioso, sin merecerlo. Alguien alabado, sin merecerlo. Alguien poderoso, sin merecerlo.

Habrás publicado en redes que tan emocionado estás por cumplir la meta, ¿lo estás haciendo ahora?, ¿estás tomando los pasos?, ¿estás tomando las acciones sufribles que te darán el resultado soñado?

Solo quieres sentirte bien contigo mismo compartiendo tu meta, pero no quieres sobrellevar la mierda de ser consistente, de los bajones de energía, de las dudas, de la incertidumbre.

Sabes que vives una mentira, tu consciencia lo sabrá. Así, generas un efecto contraproducente: Tendrás menos confianza en ti. Porque no solo lo has publicado a tus amigos y familiares, lo hiciste y sabes que no estás haciendo nada para conseguirlo o que estás cayendo muy fácilmente y no te levantas.

Cumple tus promesas. Haz lo que dices que harás.

Háblale a esa chica, publica tu video, haz esa llamada, levántate temprano.

Enfrenta la adversidad en vez de publicarlo en redes cómo lo harás.

Solo con evidencias ganas confianza.

Y aprendí esta gran lección a mis 17 años.

En ese entonces llevaba más de 3 años deseando cambiar, pero no lo hacía. Veía los videos, le decía a la gente que era momento de cambiar de hacer todos estos planes, pero nunca lo hacía. Me sumergía nuevamente en los videojuegos, las series y en mis fantasías.

No tenía seguridad en mí, ¿por qué? Porque toda mi evidencia me daba a entender que merecía estar mal, merecía ser inseguro.

Con cada hábito mi consciencia ya sabía mi honestidad y mi valor. Así que obviamente estaría inseguro de mí. Lo peor de todo es que no me daba vergüenza quién era. Sí, tenia deseos de cambiar, pero seguía sin ver mi situación actual como un problema letal.

No hasta que cumplí por fin una promesa grande que me había hecho:

Ir al Gimnasio a construir mi físico

Fue la acción masiva que me hizo pensar en que sí era una persona merecedora de la confianza.

Meses después de haber ido, tuve los huevos de invitar a una chica a salir. En la primera salida tuve el primer beso de mi vida, literalmente. Lo logré, fuimos pareja. Logré hablar con completos desconocidos en la universidad e integrar grupos. Mostraba mi rareza porque tenía la evidencia de que era alguien increíble porque tomé acción yendo al gimnasio. Así que me dejó de molestar si a alguien no le caía bien.

Yo no pensaba que fuera capaz de algo así. Era solo una fantasía de la que no estaba arriesgado a hacer realidad.

Si quieres tener más confianza en ti mismo, actúa.

Porque piénsalo, en los momentos en los que más has tenido confianza, ¿por qué era? Tal vez para ese examen, en el que sabías que ibas a aprobar, ¿por qué fue?, muy probablemente porque tienes la evidencia de que estudiaste toda la semana y has respondido correctamente en tu autoevaluación. Puede ser en ese deporte, donde entrenaste tan arduamente que tienes la certeza de ganar a como dé lugar.

La confianza es un efecto de haber cumplido lo que dijiste que ibas a hacer, no una sustancia que manifiestas con afirmaciones.

Deja de ser un charlatán y comienza a actuar.

3) A nadie le Importas

A nadie le importas. Nadie está pensando en ti. Ni nadie está observando tus movimientos.

Muchos de nosotros hemos tenido esta clase de inseguridad extremista de lo que dirá el resto sobre nosotros.

Imagínate en clase. Estás a punto de levantar la mano. Sabes la respuesta. Pero antes de hacerlo, un pensamiento te paraliza: ‘¿Y si me equivoco? ¿Qué dirán?

O estás por invitar a esa chica a salir pero la inseguridad viene. Rápidamente piensas: "¿Qué pensarán las personas de este lugar de mí?, ¿qué pensará ella de mí? Seguramente pensará que soy un raro y todas estas personas serán testigos de la humillación que tendré."

Creemos que si nos equivocamos y alguien lo nota, será el fin del mundo. Que todos estarán analizando cada detalle de nuestro error, como si no tuvieran nada mejor que hacer.

Producto de esta inseguridad, no nos arriesgamos a hacer nada.

  • No mostramos nuestros talentos.

  • No manifestamos nuestras diferencias al mundo.

  • No presentamos las ideas que se nos ocurren.

Vivimos encerrados en una burbuja imaginando un futuro caótico.

Esto lo viví cuando trataba de decir algo diferente, cuando trataba de molestar y bromear en mi grupo de amigos de la escuela.

Y la molestia llegaba. La voz interna que no me dejaba en paz: "Seguro te rechazarán así, los perderás".

Pensaba que a todos les importaba. Que todos estarían vigilantes de si mi acción era diferente al molde de ser alguien estudioso, callado y respetuoso con la gente.

Así que nunca me atreví a hacerlo por lo que pensarían de mí.

Pasé años atrapado en esta burbuja… hasta que un día decidí desafiar mi miedo. ¿Y sabes qué pasó?

Nada.

Nadie me juzgó. Nadie me miró raro.

Me di cuenta de que la presión que sentía solo existía en mi cabeza

La verdad, es que a nadie le importas.

Nadie está pensando en ti.

Y si piensas en hacer algo que se considera "vergonzoso", pensarán en ti, pero por unos 3 segundos.

Porque la gente tiene sus propios problemas.

Solo estarás en sus cabezas por un instante y después recordarán que tienen que cocinar, o pensarán en su tarea, o en la responsabilidad que está vigente.

Y se olvidarán por completo de ti.

Cuando entendí esto, lo puse a prueba. Solamente para experimentar.

Un día dije: "Hablaré más fuerte con mi compañera y me reiré a carcajadas. Seré muy ruidoso si el chiste fue buenísimo" a ver que pasa. Pasó y a nadie le importó. Más bien, estaba disfrutando del momento. Nadie pensaba en lo ruidoso que fui. Tal vez voltearon miradas, pero después, todo estaba bien.

No fue el fin del mundo como muchos piensan.

Esto tampoco quiere decir que salgas desnudo a un centro comercial y decir: "bueno, todos me olvidarán." Tampoco vayas a ese extremo.

Arriésgate, porque nadie te está observando.

  • Da esa idea, aunque te equivoques y "te vean como un estúpido" (por 3 segundos)

  • Invita a salir a esa chica, a pesar de que hayan personas que se burlen (por 3 segundos)

  • Llama a esa empresa, incluso si te rechazan y te sientas mal (por 3 segundos)

A nadie le importa tu vida, solo a ti.

Y si por alguna razón les importa, es un problema de ellos, no tuyo.

4) No Agradarás a Todos

No siempre agradarás a todos. Y, de hecho, eso está bien.

Nos enseñaron a escondernos detrás de una máscara para ser aceptados. A moldearnos según la aprobación ajena. A evitar el rechazo como si fuera un peligro mortal.

No queremos ser odiados, rechazados o juzgados.

Pero si intentas agradar a todos, terminarás agradando a nadie.

Y esto me pasó a mí.

Durante años me obsesioné con caerle bien a todos. Regalaba comida, hacía tareas ajenas, prestaba sin esperar devolución. Cualquier cosa para no ser rechazado.

Plasmando mi rareza y mi buena fe con todos.

Pero llegué a un extremo, en donde no podía estar tranquilo sabiendo que no le caía bien a alguien.

Tanto así que me ponía a llorar y sobre pensaba por qué no le caía bien si soy buena persona. "Tal vez, estaba en peligro porque a alguien no le caigo bien. Seguro que hará broma de mí, me molestará y no querrá estar junto a mí", era lo que me decía.

Y hacía de todo para agradar a esa persona

  • Tareas

  • Regalaba Comida

  • Prestaba

Me rehusaba a publicar mi trabajo, ir más allá que el resto o intentar cosas nuevas porque pensaba que los demás me dejarían de lado. Que estaría (de alguna forma) incomodando a los demás y después iba a estar solo… Que si era excepcional en la escuela, no agradaría a nadie. Y me tacharían de egoísta, pretensioso…

Esto solo hizo que jugara a un personaje que complacía a todos, pero que nadie estaba dispuesto a amar.

Porque nadie me conocía, solo veían a esta persona que te decía sí a todo. Que te hacía las tareas para caer bien, que te prestaba siempre dinero y nunca te cobraba. Terminé perdiendo mis valores y mi esencia.

No tenía metas, porque estaba tan pendiente de los demás que no pensaba en mí mismo.

No tenía una visión a futuro porque solo pensaba para caer bien, no para mí.

No tenía gustos propios, porque todos se acomodaban a la de los demás.

A mis 18 años empecé a actuar según lo que yo creía correcto. Mis valores, mis principios y generé metas propias para mi vida. Identifiqué mis peculiaridades y gustos, cosas que conocía bien y cosas que no. Y las demostraba poco a poco en mi nuevo entorno.

Fue cuando decidí que, en lugar de agradar a todos, me enfocaría en respetarme a mí mismo. Si un chiste no me hacía gracia, lo decía. Si una opinión no coincidía con la mía, la sostenía. Aprendí a decir "no" sin sentirme culpable.

Si no conocía un tema, simplemente expresaba mi ignorancia. En vez de fingir que tenía el conocimiento que buscaban. Si decían que les gustaba cierta receta de pizza y me preguntaban si a mí también, ya no afirmaba automáticamente. Decía la verdad. Porque esa es mi expresión auténtica.

Dejarás de intentar agradar a todos cuando forjas un propósito y valores a tu vida y te alineas a ellos. Estarás más cómodo con la idea de que sí, hay gente a la que no le agradas, porque simplemente no son compatibles.

Cada vez que alguien no se adecuaba con mis valores actuando de cierta manera, no le seguía el juego. Si bromeaban sobre algo que yo no consideraba, decía de forma fría: "No, no da risa".

Acostúmbrate a decir que "no" a las personas, porque así crearás tu carácter.

Comencé a decirme sí a mí mismo, en vez de decirle sí todo al tiempo a los demás.

Plasma lo que te hace diferente al mundo.

Sí, perdí "amigos". Sí, algunos me odiaron. Hubo gente que solo quería verme caer. Pero lo que realmente perdí fue el miedo a ser YO.

Porque el rechazo no es un castigo. Es una señal de que finalmente estás viviendo según tus propias reglas.

No te importará si caes mal, igual estarás bien.

Porque estás siguiendo una vida de acuerdo a tus valores, expectativas y principios, no la de otras personas.

No siempre caerás bien a todos. No siempre agradarás a todos. Tendrás enemigos, pero eso es parte de reafirmar tu carácter.

Y cuando dejas de traicionarte solo para encajar, algo increíble sucede: comienzas a rodearte de personas que te valoran por lo que realmente eres.

Las encuentras y te recibirán con los brazos abiertos.

Por ser TÚ.

5)Nunca Escaparás de los Problemas

Nunca escaparás de los problemas.

Pensamos que si evitamos el fracaso o los retos, los problemas desaparecerán.

No queremos lidiar con la vergüenza de nuestras malas decisiones y/o fracasos. Así que evitamos arriesgarnos, rechazamos emociones negativas y nos convencemos de que si las ignoramos, no existen.

Pero esto no soluciona nada. Solo retrasa tu crecimiento.

Recuerdo muy bien que en la escuela me daba bastante miedo fallar.

Hubo una vez en la que tenía que presentar un trabajo a las 10 de la mañana. Primero, me levanté tarde por haber jugado videojuegos toda la noche. Segundo, no había hecho casi nada de ese proyecto. Y las peores consecuencias comenzaron a gobernar mi cabeza:

  • Me quitarán la beca si saco una mala nota.

  • Todos estarán decepcionados de mí.

Rápidamente, corrí hacia mi oficina, abrí mi laptop y abrí los archivos necesarios. La resaca por no haber dormido bien se mantuvo en toda la sesión de trabajo. Casi ni me podía concentrar.

Llegó las 9 de la mañana… 25% del trabajo hecho. Comenzaba a desesperarme, a gritar, e incluso con ganas de llorar.

Voy hacia mis abuelos y les digo que hoy quería quedarme en casa porque me sentía mal, como si estuviera enfermo… solo quería evitar las consecuencias mis acciones.

Lo peor es que mandaba una justificación, completaba la tarea en ese día y la presentaba al día siguiente. Y no pasaba nada.

No habían consecuencias por mis errores.

Así que, en realidad, nunca fallaba. Por lo que NUNCA aprendía de los malos tratos que debía cambiar.

Esta ausencia de consecuencias hizo que repitiera el acto todo el tiempo.

Te cuento esto porque lo único que aprendí fue a nunca aprender de mis errores.

A de esconderme ante los problemas y nunca dar la cara por mis acciones.

Lo único que logré fue hacerme más débil.

Cada vez que esquivaba un problema, lo que en realidad hacía era decirle a mi cerebro:

  • "No puedes con esto."

  • "Mejor escóndete."

  • "No eres suficiente."

Y esa fue automatización de pensamientos, hizo que mi realidad se vea modificada.

Siempre llegaba a la escuela tarde, presentando los trabajos tarde. Tanto que me dejó de dar vergüenza. Es decir, dejé de verlo como un problema.

Este fue el punto más bajo.

Porque en la universidad eso generó que reprobara un curso, de hecho, el más importante de mi carrera.

Esta es la verdad: Sin Presión, no hay Diamante.

Esto forma parte de mi mentalidad y filosofía de vida: Al Diamante.

Un carbón, con la suficiente presión, calor y tiempo, tiene la potencia de convertirse en un precioso diamante.

Necesitas problemas en tu vida para crecer.

¿Lo mejor?

La presión siempre estará, los problemas serán abundantes.

Pero no usamos ese calor a nuestro favor.

Siempre la utilizamos para corrompernos.

  • Nos deprimimos.

  • Nos enojamos y no queremos hablar con nadie.

  • Comenzamos a maldecirnos.

  • Dejamos de confiar en que podemos mejorar.

Porque el poder es gigante.

Soñamos con la desaparición de los problemas y de la facilidad de la vida… Pero los problemas nunca se irán.

Es como tu estante de libros: El polvo siempre llegará. No sabes cuando. No sabes por qué o en qué momento. Solo aparece. Y tu responsabilidad es limpiar el desastre.

Si no lo haces, el caos se apoderará de tus libros (es decir, de ti).

¿No quieres eso verdad? Obvio que no, es por eso que limpias cada cierto tiempo.

Tu vida es igual.

Cada vez que tengas un problema, una adversidad, reto gigante o has cometido algún fracaso o error y estás notando las consecuencias reales y emocionales:

  • Úsalas para crear, no para destruir.

Es decir, para crecer en vez de auto-dañarte.

No puedes escapar de los problemas ni de las emociones que te produce, pero sí aprovecharlas.

Si sientes el enojo, úsalo para cambiar tu siguiente acción. Si la vergüenza se apodera de ti, bien, úsala para prepararte mejor la próxima vez, para hacer un plan y no volver a sentirla.

Usa tus emociones negativas para cambiar. Porque para eso tienes esas emociones. Son señales de que algo necesita ser cambiado.

No las evadas sumergiéndote en placeres, o pretendiendo que todo está bien, pues estarías perdiendo la oportunidad de utilizar ese calor que te hará encaminarte al diamante.

Los problemas siempre llegarán, pero si cambias la perspectiva de usarlos para crecer en vez de destruirte, podrás solucionarlos eficazmente, en vez de evadirlos.

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